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  • Dra. Mayra Gallardo

La escucha dentro del Psicoanálisis

Es común escuchar en la demanda de tratamiento, si bien variada en sus particularidades y acorde a la individualidad de cada uno de los sujetos que lo solicitan, que al llegar a una primera entrevista con un psicoanalista, expresan con fervor la expectativa de la eliminación de los síntomas que les aquejan.

Y si bien, todo tratamiento, del tipo que sea, implica un beneficio para el paciente, el "quitarse de encima" lo que le hace padecer, en el caso particular del Psicoanálisis con lleva implícitamente mucho más...


Me dirán y con justa razón ¿Pero qué más que volverme a sentir bien? Un psicoanálisis no sólo aspira a lograr un cierto grado de bienestar y que te conformes con ello. El sentirte bien es importante, pero lo es más aún el que puedas intentar comprender de dónde viene ese malestar, qué es lo que en verdad lo provoca, cómo participas en ello y, de raíz poderlo combatir para que no se repita.



Es tener en verdad las riendas de tu vida en tus manos, es que logres ser el escriba de tu propia historia...


El analista deberá ser una de las voces de tu inconsciente y para nada implica que uno sea directivo y te diga qué hacer, quiere decir que se hace un trabajo en serio y con respeto con tus emociones. El inconsciente, el cual en gran medida, se lo vamos a ver a través de sus efectos, tus síntomas – ojo, son no las causas –, estos se articulan por medio de la repetición, la pulsión de muerte y el goce. El analista deberá “usar” el síntoma para lograr que el fantasma (la puesta en escena del deseo) se haga presente y, por medio del arduo trabajo de elaboración, disipemos el dolor que todos estos procesos inconscientes provocan.


En palabras más llanas, un análisis no va a ser una intervención cosmética de la que sólo se consiga un cierto grado de bienestar como te decía, importante sí, pero no duradero, paliativo más no resolutivo ante tu padecer que en el lugar analizante expresas. Un psicoanálisis buscará hallar las verdaderas causas que hoy te hacen sufrir una y otra vez con los mismo elementos, detalles más o menos que insisten en cada repetición dentro de el tramado de tu historia de vida.

Del inconsciente daremos cuenta por medio de sus efectos, eso son los síntomas (irritabilidad, tristeza, angustias, imposibilidad para mantener vínculos duraderos, imposibilidad para amar, etc), tan variados y complejos como la individualidad de cada uno de los sujetos.

Así del síntoma, es indispensable que no lo “sueltes”, “apacigues” o busques “resolverlo” de golpe, por ejemplo con respuestas inmediatas, provenientes de una información parcial que sólo obture la posibilidad de seguir pensando, puesto que este será la punta de un hilo que conduce a toda la madeja, enmarañada, extraña y enigmática, que sólo a lo lejos alcanzamos a sospechar todo lo que puede encerrar.


El analista debe insistir en colocarse como una voz de este inconsciente, regresando lo dicho por el propio paciente, jamás siendo directivo. Es la forma de regresarte, en tus palabras devueltas con un nuevo orden, mejor organizadas, una propuesta de cómo funcionas, por ejemplo, en tus vínculos que te cuestan más trabajo y que paradójicamente, por desconcertante que suene, de cierta forma gozas con este desenlace que le depara dolor. Al momento en que como el analizante estés listo/lista para escuchar(te) en tus síntomas, el analista irá acercando, cuidadosamente ese material que te pertenece sobre cómo actúas en tus relaciones, sobre la forma en cómo funcionas y se pondrán sobre la mesa, poco a poco, las causas que te han provocado hoy padecer.


Con estos señalamiento de parte del analista, gradualmente se logra hacer presente el fantasma, es decir, que en sesión se hace manifiesta la puesta en escena de ese deseo hasta ahora inconsciente sobre el cual se ha hecho un gran esfuerzo para enmascararlo, sepultarlo, reprimirlo al considerarlo, conscientemente, como inaceptable para una parte del psiquismo del analizante.

A través del proceso psicoanalítico y de las intervenciones del analista, es posible “quitarle” la peligrosidad a los contenidos que censuramos y poder hacer con ellos una nueva construcción que te sea propia y no producto, por ejemplo, del silencio (propio y/o de los otros personajes que habitan tu universo), del malentendido que puede pasar como un mandato – “no te separarás de casa” – de generación en generación dentro de una familia; de los eventos que produjeron una marca en tu vida y que ahora concibes como la única forma de relación – “como me abandonaron (física o emocionalmente) una vez (y no lo recordaba), ahora jamás dejaré que se separen de mi” – de elementos que, en la realidad o en la fantasía, sientes que te han faltado y ahora hacen que te empeñes en no moverte de lugar, a uno menos costoso a nivel emocional, como si con ello pudieras seguir esperando ser gratificado por eso que no consiguió en algún momento.


Así, el psicoanálisis abre la posibilidad de disipar ese dolor, por medio de develar el conocimiento sobre esa marca que ha quedado ahí y nos atrapa, como se mencionó, en la repetición. Abre la posibilidad de reconocer aquello que ha quedado en tu historia como <<sabido pero no pensado>> para que al reconocerlo, puedas tener la posibilidad de elegir si en verdad quieres emanciparse de esto que te ata y comenzar a construir una alternativa que te permita ser responsable de las causas de tu padecer y de comenzar entonces a ver la vida con ojos propios. El primer paso es decidirse a iniciar un tratamiento para lograr hacernos cargo del aquello que nos afecta y, por ahora, nos hace sentir mal.

¡Anímate a iniciar un análisis! Tus problemas tiene solución. Juntos podemos trabajar por darle un nuevo orden a todos esos contenidos que hoy son molestos, para que logres resolverlos y que te permitan continuar tu camino de vida, viajando más ligero y retomando las riendas de tu propia vida para permitirte ser pleno y un poco más feliz...