https://bit.ly/374WLzG Agotamiento Emocional. Las consecuencias de la sobre exigencia.
  • Dra. Mayra Gallardo

Agotamiento Emocional. Las consecuencias de la sobre exigencia.



Empecemos por hablar claro… quién pide ayuda no es quien no puede, sino quien está dispuesto a encontrar alternativas más creativas y sólidas para en verdad resolver. En un psicoanálisis buscamos lograr esto ya que no es un tratamiento cosmético, sino que se busca alcanzar las medidas resolutivas ante el dolor emocional.


En el consultorio escucho diferentes historias de vida en las que los pacientes nos siempre están conscientes de que la manera en la que empiezan a enfrentar lo que les aqueja, ya sea que hablemos de depresión, estrés, crisis de vida, separaciones, rupturas, divorcios, relaciones tóxicas, negocios que no prosperan, trabajos extenuantes, soledad, sueños que parecen imposibles de lograr, relaciones familiares demandantes, etc., a largo plazo no va a ser sostenible porque les lleva a enredarse en una tremenda exigencia que los hace olvidar que su capacidad no está puesta en duda, pero son ellos mismos que al primer titubeo terminan por dudar de sí mismos y a forzarse en el mismo sendero sin alcanzar a ver el costo afectivo que para ellos mismo puede tener a largo plazo.


El agotamiento emocional es un compañero de camino silencioso, que se presenta por la sobrecarga de esfuerzo emocional ante lo que enfrentamos y que no alcanzamos a ver, es decir que no vemos la carga afectiva que le depositamos a un suceso. Por ejemplo, muchos pueden tener un trabajo demandante, pero quizás algunos lo vivan en equilibrio al tener el resto de sus áreas plenas (pareja, familia, amigos, economía, descanso, hobbies, etc.) que les permite irse “descontaminando” y soltando algo de presión; sin embargo, otros no sólo le hacen frente a la carga de trabajo, a las demandas cotidiana, a las responsabilidades y cierto a un montón natural de estrés, sino que le agregan a esto frustración, ansiedad, extrema preocupación por la lectura que otros puedan hacer de ellos, aislamiento, demandas familiares, expectativas reales o fantaseadas, propias y de otros por citar algunos elementos. Así, reitero, no está puesta en duda la capacidad individual, pero en este escenario esto tampoco es vida…


El lío es que este compañero silencio, no llega y se instaura a la primera, sino que es un proceso que prácticamente se incuba y a largo plazo la merma va alcanzado otras áreas de vida, es decir, que si empezó por el trabajo puede poco a poco, extender sus efectos a la familia, pareja o amigos, hasta el punto en que el sujeto que lo vive se desploma y/o su mundo se le desmorona.


Las consecuencias secundarias, no por ser de menor importancia, sino porque son las que aparecen de forma posterior, son el paralizarse en la toma de decisiones, la depresión profunda o la enfermedad física. Recuerda, el cuerpo tiene memoria y lo que no simbolizamos y resolvemos en la palabra, es el cuerpo el que lo grita.


En este punto, lo más desesperanzador es la inercia, el sentirse funcionando en “automático”, de lo que no saben cómo salir.


Los escenarios que se han propuesto en donde podemos llegar a este tipo de desgaste emocional son múltiples pero los factores que pueden tener en común y erigirse como parte de la causa son:

Principalmente, el desequilibrio entre lo que se da y lo que se recibe… Así como lo leen y, aclaro, no estoy proponiendo que se vaya en la vida haciendo “auditorias” sobre cuánto nos deben, damos porque queremos dar y no se puede esperar nada a cambio. Sin embargo, quienes corren el riesgo de llegar al agotamiento emocional son aquellos sujetos que dan “todo” de sí mismos y terminan por mal entender la responsabilidad o el compromiso con el sacrificio… Peor aún, si el terreno que pisan está minado previamente, por decir a modo de ejemplo: si están en un medio familiar demandante y donde nada es suficiente, en un trabajo con muchas presiones y poco reconocimiento o en una relación conflictiva que los devalúa.

Otro elemento es carecer tiempo para uno mismo.

Falta de reconocimiento, afecto o consideración suficiente. Van descontando así las necesidades propias.

Expectativas reales o fantaseada, propias o externas sobre lo que se “tiene” (en el sentido de obligación) que rendir, solucionar, proveer, resolver todo el tiempo.

¿Las primeras alertas?

Son las señales que anuncian el riesgo y que, por lo general, no se les da la importancia que merecen como para atenderlo a tiempo:

  • Cansancio físico.

  • Insomnio o sueño no reparador.

  • Irritabilidad o problemas de agresión.

  • Falta de motivación.

  • Desinterés o distanciamiento afectivo.

  • Olvidos frecuentes.

  • Embotamiento mental (dificultad para pensar o concentrarse).


¿La salida?


Evidentemente, descansar, pero esta primera opción no alcanza a resolver los vicios en el funcionamiento personal que se pueden haber adquirido. Lo mismo sucede con buscar espacios para relajarse, alcanzar la tranquilidad o las vacaciones. Lo primero que escucho son la balumba de argumentos, muchos de ellos válidos, por lo que no es posible hacerlo y aunque lo lograran eso no cambia el funcionamiento en el fuero íntimo, terminando así por ser paliativos…


La opción es trabajar en las emociones, deconstruyendo la historia de vida para ser conscientes cómo llegamos a este punto, logrando sanear las relaciones (familiares, pareja, laborales, etc.) pero sobre todo reposicionándose frente a todo eso que puede ser las obligaciones para quien lo experimenta y en particular, reencontrando la valía propia que va mucho más allá de la autoestima.


El obsesionarnos con la perfección puede ser un sendero que sin darnos cuenta desde el comienzo le damos una nota de imposibilidad al perder de vista que parte del encanto de la vida es reconocer que la naturaleza humana nos hace falibles pero no por ello “malos” (como personas, profesionistas, hijos, esposos, padres, parejas, etc.).


El poder trabajar por sensibilizarnos a quien verdaderamente somos, lo que requerimos, los que buscamos, lo que anhelamos en todas las áreas de la vida implica reconectarnos con nosotros mismos y aprender a ser benévolos con uno mismo – que tampoco es sinónimo de terminar por ser complacientes, conformistas o mediocres-. Lo repito, quien busca ayuda no es quien no puede, sino quien está dispuesto a hacerse verdaderamente cargo de sí mismo, de su responsabilidad jugada en lo que le acontece para, primero reencontrarse y en un segundo tramo lograr reinventarse, pleno y desde un lugar que no salga tan costoso a nivel emocional. El buscar ayuda es para quien verdaderamente está dispuesto a resolver las cosas…