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  • Dra. Mayra Gallardo

El aislamiento como síntoma de un mundo hiperconectado.


¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán!

Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad.

Alfonsina Storni.


Psicoanálisis CDMX

¿Han llegado algún sitio, minutos antes de la hora acordada y en la espera sacas el celular? ¿En los ratos “libres” o antes de dormir, casi cual ritual, no podemos “cerrar” el día sin conectarnos desde algún dispositivo a Internet? ¿Te has sentido sola rodeada de gente?

Quizás el aislamiento es un factor que pese más hoy en día y se formule como el síntoma de una sociedad hiperconetada, donde terminamos solos y a la vez rodeados de gente.

¿Y si el aislamiento también tiene un efecto en el tramado social? ¿Y si de este ensimismamiento empezamos a “normalizar” la soledad? Para algunos ¿Qué tan incómoda, dolorosa o intolerable termina siendo la soledad?

Según algunas investigaciones de varias Universidades, son los hombres los que tienen un umbral más bajo ante el dolor físico y en cuestión del dolor emocional, parece que la soledad les afecta más.

A título personal, me parece que lo importante no es tratar de cuantificar a quién le duele más o menos, si no subrayar lo importante que es una atención oportuna antes de empantanarnos en el dolor.

Al respecto, por ello es crucial ser conscientes que el dolor emocional tiene que tener un lugar ya que es algo que podemos cargar a cuestas toda la vida y, como decía al inicio, terminar por “normalizar“ la soledad con todos sus efectos.

¿Cómo nos impacta este mundo hiperconectado? ¿No crees que el problema del aislamiento y la soledad va más allá del contacto físico? ¿Y los vínculos estables, la proximidad, el contacto, el compartir situaciones desde cotidianas hasta importantes dónde queda? ¿Cómo hacemos entonces uso de la palabra para comunicarnos? ¿Vivimos una época donde los encuentros en persona se banalizan y damos por hecho que “platicamos” con otro por tener un intercambio en WhatsApp? En este último punto, el problema de los mensajes escrito, si bien es un intento de utilizar la palabra, no tenemos tono emocional y con el abuso de los emojis, se presta a malos entendidos. Lo grave es que nos conformemos con sólo estar próximos o conectado virtualmente con otro y olvidemos el valioso recurso de comunicación que la tecnología nos acerca.



Psicoanálisis CDMX

El problema no son los recursos tecnológicos, sino el uso que les damos. En vez de acortar distancias, paradójicamente, en cuestión a los vínculos la incrementa. Los seres humanos necesitamos de tiempo para conocernos y conocer al otro, sea el vínculo que sea, y lograr entablar una relación. El concepto de vivir en comunidad así se va diluyendo porque no nos demanda estar físicamente en el lugar para poder enviar o recibir un mensaje…

El estar en el mundo debería ser el motor que nos impulsara a dar un sentido a nuestra existencia, a que por medio de la palabra -el lenguaje- podamos establecer vínculos, redes de apoyo. Si bien, el individuos se juega en la vida y los vínculos como un ser independiente, también poseen el interés de comunicarse, relacionarse, amar y ser amado y compartir.

El aislamiento puede tener una frontera riesgosa con la melancolía, con los vacíos y la pérdida de sentido al no lograr enlazar un proyecto de vida con otros; todas estos eventos provocan situaciones displacenteras y disruptivas que pueden hacernos perder aún más el camino hacia los otros y empezar a enredarnos en espirales cada más mayores que nos empeñamos en pasar solos o donde ya no sabemos cómo salir. El abanico es un espectro muy amplio de situaciones desde problemas en el trabajo, discusiones en pareja o con la familia, pérdidas de seres queridos, ruptura de relaciones a todo nivel. Termina así por ser un círculo vicioso en donde más aislados estamos, las eventualidades o crisis de vida las pasamos en silencio o soledad, donde no sabemos cómo hacer uso de redes de apoyo y buscar ayuda, para perder rumbo, sentirnos aún más solos y, al decepcionarnos, más nos aislamos…

Bajo este escenario, el mal uso de la tecnología, nos pude acercar una “respuesta” imaginaria y más al servicio de la defensa donde las “conexiones” virtuales ayudan a construir el espejismo de tener compañía sin sentirnos jaloneados por las demandas o expectativas que suponemos que el encuentro real con otro nos exige. Además, también al servicio de la defensa, de protegernos para no reconocer la propia fragilidad, este empleo equívoco de la tecnología nos permite escondernos de los demás y sostener también el imaginario de que “solos podemos”, cuando no se trata de poner en duda la capacidad, sino de cuestionar los caminos que estamos eligiendo en base a mal entender cosas como: el contacto, el compromiso, la proximidad, la intimidad que nos lleva a resultados más costosos a nivel afectivo.