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  • Dra. Mayra Gallardo

IMPACTO EMOCIONAL ANTE EL COVID-19


Si bien ante la pandemia del coronavirus, el punto de urgencia, es la atención puntual a la salud física, no podemos desconocer que la onda expansiva de todo lo que el proceso implica, alcanza y afecta la arista emocional en todos.


La OMS, ha insistido en reconocer a tiempo el impacto emocional que conlleva, el cual no puede ni debe ser ignorado. Para algunos, al recuperarse después de haber padecido Covid-19, por haber tenido algún familiar o conocido que se recuperado o que, lamentablemente ha fallecido.

Sin embargo, la onda expansiva también alcanza a provocar un impacto afectivo en aquellos que se han logrado aislar de forma voluntaria. El confinamiento también tiene un costo emocional fuerte puesto que todo el escenario conocido cambia de forma radical: el espectro va desde el aislamiento, el distanciamiento físico de otros, el cierre de lugares de trabajo y escuelas, el proceso de enfrentar una serie de pérdidas, incluso de seres queridos a la distancia sin poder acompañarse de la familia en momentos tan delicados. Todo esto causa estragos a nivel emocional, provocando: ansiedad, miedo, tristeza, soledad, alteraciones de sueño y en los hábitos alimenticios, depresión, separaciones, conflictos afectivos en general y el tener que tramitar duelo traumático.


Es tiempo que nos está tocando vivir, no exige a todos ser REALISTAS Y RESPONSABLES para que, cada uno primero en lo individual, podamos mantenernos a resguardo física y emocionalmente, lo cual, en un segundo tiempo no permitirá ser solidarios con los nuestros y con los demás.

¿De qué se trata el impacto emocional frente al COVID-19?


Nuestros afectos, en todas las áreas de nuestra vida siempre están jugados, seamos o no conscientes de ello. El escenario frente a la pandemia, de una u otra forma, encierra una vivencia traumática para el sujeto puesto que, como se exponía previamente, altera todo lo que había conocido como parte de su cotidianidad, sus hábitos y hasta sus vínculos.


Es importante subrayar que en este periodo de confinamiento, el impacto emocional no se presenta como la aparición de una sola emoción aislada que, de forma, disruptiva emerge haciéndonos perder el equilibrio. Todos nuestro afectos están tramados de forma compleja en los fueros más íntimos de nuestro ser.


Si bien es cierto que, por diversos factores que van: desde la NEGACIÓN de la importancia y riesgo real que encierra el coronavirus, la desinformación por apatía o por hartazgo de fuentes no confiables de información, el saturarnos de datos en redes sociales, hasta el empleo inconsciente de DEFENSAS MANIACAS que nos llevan a devaluar para triunfar y con ello a sentirnos omnipotentes y que se refleja en respuestas como: “esto a mi no me afecta”, “de algo me tengo que morir”. Así, conducen a algunos a ponerse a sí mismos y a todos con los que tiene contacto en riesgo por completo innecesario y a contribuir a la propagación.


Pese a que podamos considerar que la postura puede ser irresponsable, no quiere decir que emocionalmente no les esté afectando. Para algunos, el hacer uso de la negación cuando el impacto emocional es abrumador y no saben qué ni cómo enfrentarlo, su única respuesta es negar que existe o minimizarlo, ambas al servicio de la defensa, aunque no sea lo más sano a nivel psíquico, es decir, también existen defensas patológicas que están jugadas desde los recursos afectivos del sujeto; sin embargo, el tope con la realidad, ninguno lo podemos evitar y para quienes aún <<no pasa nada>>, tarde que temprano se darán cuenta de la seriedad de la situación y ahí vendrán los mayores estragos afectivos ya que sus defensas –negación o defensas maniacas– no serán suficientes para protegerlos.


El sentir, de ninguna manera es <<malo>>, al contrario puede ser la puerta de entrada a verdaderamente reposicionarse frente a una crisis y más aún, cuando el escenario que tenemos que enfrentar es un Real inconmensurable como es una pandemia.

El impacto emocional en las personas ser irá dando gradualmente, a la par que sigue su curso la evolución de la epidemia del COVID-19. Muchos otros, estarán experimentando emociones, si bien conocidas previamente, ahora con el apremio de resignificarlas ante la presencia de un virus.

El escenario, ya todos los conocemos, es estar frente a la epidemia del coronavirus que viene a cambiar de forma violenta e imperiosa nuestra cotidianidad, rutinas, hábitos y hasta la forma de relacionarnos.

Vayamos explorando las diversas posibilidades dentro de los estragos afectivos que podemos enfrentar, primero para ser conscientes de su aparición, saber qué hacer para enfrentarlas y lograr continuar siendo, como se subrayo desde el principio, RESPONSABLES Y REALISTAS para no caer en pánico ni exponernos a mayores riegos.


El primer impacto es lograr procesar y reconocer de forma realista la existencia de la presencia del coronavirus, ya que nos permitiría darle sentido a todas las modificaciones que se erigen imperiosamente para conservar la integridad física y emocional. Es reconocer la importancia del porqué hacer todos estos cambios y lograr reconocer que no solo se trata de uno mismo, si que también involucra la responsabilidad compartida como sociedad y la solidaridad necesaria para lograr salir de todo esta transición.


Una de las primeras medidas ha sido el CONFINAMIENTO, es decir el aceptar voluntariamente AISLARNOS. Y no sólo es considerar el dejar de salir, sino comprender por qué es importante y cómo enfrentarlo de forma creativa.

El AISLAMIENTO puede ser generador o contribuir a agudizar los conflictos afectivos, sean preexistentes o no. Algunos podrán empezar a sentirse angustiados, en soledad, con miedo, con preocupación por el por venir, con insomnio, con alteraciones en la alimentación, fallas en el control de impulsos, empezarán a sentirse intolerantes o agresivos, se podrán presentar cuadros depresivos por las separaciones o, desafortunadamente, enfrentarán duelos traumáticos.

Es un periodo complicado, pero tenemos que empezar a reconocer que es una transición, si bien no se va resolver de forma inmediata, tampoco será eterno.


Para quienes tiene la posibilidad de hacer home office, es crucial mantener horarios, sus rutinas, lo más normal que puedan, el darse tiempo para la comida sin la computadora al lado, el cuidar el descanso y hacer algo de ejercicio.

Date tiempo para la lectura, crear un pasa tiempo y convivir con tu familia. Si vives solo tenemos que aprender a ser pacientes y a seguir manteniendo la comunicación con nuestras redes de apoyo a través de llamadas telefónicas, video llamadas, mail o chat. Es reorganizar nuestros horarios para lograr tener un equilibrio de actividades.


Si los afectos llegan a desbordarte, si llegas a sentir que no puedes con lo que sientes, intenta comunicarte con tus redes de apoyo, compartir un poco de lo que sientes para que puedas intentar liberar algo de la ansiedad o preocupación. Si no cuentas con dichas redes o no te sientes en la confianza de a los tuyos compartirles tu sentir, no lo postergues y busca ayuda de un profesional que pueda brindarte la ayuda e iniciar un tratamiento de forma remota, por video llamada y, después que pase la crisis, continuar de forma presencial.


Otra de las emociones que podrán desbordarse es la ANGUSTIA, tanto a la posibilidad de contagio, como a las formas de interacción seguras, así como podrá entrelazarse con las ideas sobre el porvenir en cuestión del trabajo, la salud propia y de los tuyos, la estabilidad económica, en enfrentarnos a un sentimiento de indefensión o confrontarnos con la soledad.

Puede entrelazarse con el MIEDO y este nos puede hacer actuar de forma poco reflexiva ya que puede llegar a inundar otras áreas de nuestras vida y complicar las cosas aún más.

Posiblemente sea complicado experimentarlo, más aún cuando nos confronta, de cierta manera, con la incertidumbre, eso de lo desconocido que está en el porvenir; con el pánico, cuando el miedo nos desborda, al enfrentar una amenaza que no podemos controlar.


El sub texto que encontramos en el miedo, es la respuesta impulsiva ante un peligro inminente que, no siempre de la mejor manera, activa las respuestas más primitivas de alerta y huída. El actuar de forma impulsiva no expone a tomar decisiones irracionales.


Si bien, de cierta forma, el enfrentar una pandemia como lo ha sido el coronavirus, tiene esta arista traumática a nivel emocional, estas alteraciones emocionales son la respuest