https://bit.ly/374WLzG IMPACTO EMOCIONAL ANTE EL COVID-19
  • Dra. Mayra Gallardo

IMPACTO EMOCIONAL ANTE EL COVID-19


Si bien ante la pandemia del coronavirus, el punto de urgencia, es la atención puntual a la salud física, no podemos desconocer que la onda expansiva de todo lo que el proceso implica alcanza y afecta la arista emocional en todos.


La OMS, ha insistido en reconocer a tiempo el impacto emocional que conlleva, el cual no puede ni debe ser ignorado. Para algunos, al recuperarse después de haber padecido Covid-19, por haber tenido algún familiar o conocido que se recuperado o que, lamentablemente ha fallecido.

Sin embargo, la onda expansiva también alcanza a provocar un impacto afectivo en aquellos que se han logrado aislar de forma voluntaria. El confinamiento también tiene un costo emocional fuerte puesto que todo el escenario conocido cambia de forma radical: el espectro va desde el aislamiento, el distanciamiento físico de otros, el cierre de lugares de trabajo y escuelas, el proceso de enfrentar una serie de pérdidas, incluso de seres queridos a la distancia sin poder acompañarse de la familia en momentos tan delicados. Todo esto causa estragos a nivel emocional, provocando: ansiedad, miedo, tristeza, soledad, alteraciones de sueño y en los hábitos alimenticios, depresión, separaciones, conflictos afectivos en general y el tener que tramitar duelo traumático.


Es tiempo que nos está tocando vivir, no exige a todos ser REALISTAS Y RESPONSABLES para que, cada uno primero en lo individual, podamos mantenernos a resguardo física y emocionalmente, lo cual, en un segundo tiempo no permitirá ser solidarios con los nuestros y con los demás.

¿De qué se trata el impacto emocional frente al COVID-19?


Nuestros afectos, en todas las áreas de nuestra vida siempre están jugados, seamos o no conscientes de ello. El escenario frente a la pandemia, de una u otra forma, encierra una vivencia traumática para el sujeto puesto que, como se exponía previamente, altera todo lo que había conocido como parte de su cotidianidad, sus hábitos y hasta sus vínculos.


Es importante subrayar que en este periodo de confinamiento, el impacto emocional no se presenta como la aparición de una sola emoción aislada que, de forma, disruptiva emerge haciéndonos perder el equilibrio. Todos nuestro afectos están tramados de forma compleja en los fueros más íntimos de nuestro ser.


Si bien es cierto que, por diversos factores que van: desde la NEGACIÓN de la importancia y riesgo real que encierra el coronavirus, la desinformación por apatía o por hartazgo de fuentes no confiables de información, el saturarnos de datos en redes sociales, hasta el empleo inconsciente de DEFENSAS MANIACAS que nos llevan a devaluar para triunfar y con ello a sentirnos omnipotentes y que se refleja en respuestas como: “esto a mi no me afecta”, “de algo me tengo que morir”. Así, conducen a algunos a ponerse a sí mismos y a todos con los que tiene contacto en riesgo por completo innecesario y a contribuir a la propagación.


Pese a que podamos considerar que la postura puede ser irresponsable, no quiere decir que emocionalmente no les esté afectando. Para algunos, el hacer uso de la negación cuando el impacto emocional es abrumador y no saben qué ni cómo enfrentarlo, su única respuesta es negar que existe o minimizarlo, ambas al servicio de la defensa, aunque no sea lo más sano a nivel psíquico, es decir, también existen defensas patológicas que están jugadas desde los recursos afectivos del sujeto; sin embargo, el tope con la realidad, ninguno lo podemos evitar y para quienes aún <<no pasa nada>>, tarde que temprano se darán cuenta de la seriedad de la situación y ahí vendrán los mayores estragos afectivos ya que sus defensas –negación o defensas maniacas– no serán suficientes para protegerlos.


El sentir, de ninguna manera es <<malo>>, al contrario puede ser la puerta de entrada a verdaderamente reposicionarse frente a una crisis y más aún, cuando el escenario que tenemos que enfrentar es un Real inconmensurable como es una pandemia.

El impacto emocional en las personas ser irá dando gradualmente, a la par que sigue su curso la evolución de la epidemia del COVID-19. Muchos otros, estarán experimentando emociones, si bien conocidas previamente, ahora con el apremio de resignificarlas ante la presencia de un virus.

El escenario, ya todos los conocemos, es estar frente a la epidemia del coronavirus que viene a cambiar de forma violenta e imperiosa nuestra cotidianidad, rutinas, hábitos y hasta la forma de relacionarnos.

Vayamos explorando las diversas posibilidades dentro de los estragos afectivos que podemos enfrentar, primero para ser conscientes de su aparición, saber qué hacer para enfrentarlas y lograr continuar siendo, como se subrayo desde el principio, RESPONSABLES Y REALISTAS para no caer en pánico ni exponernos a mayores riegos.


El primer impacto es lograr procesar y reconocer de forma realista la existencia de la presencia del coronavirus, ya que nos permitiría darle sentido a todas las modificaciones que se erigen imperiosamente para conservar la integridad física y emocional. Es reconocer la importancia del porqué hacer todos estos cambios y lograr reconocer que no solo se trata de uno mismo, si que también involucra la responsabilidad compartida como sociedad y la solidaridad necesaria para lograr salir de todo esta transición.


Una de las primeras medidas ha sido el CONFINAMIENTO, es decir el aceptar voluntariamente AISLARNOS. Y no sólo es considerar el dejar de salir, sino comprender por qué es importante y cómo enfrentarlo de forma creativa.

El AISLAMIENTO puede ser generador o contribuir a agudizar los conflictos afectivos, sean preexistentes o no. Algunos podrán empezar a sentirse angustiados, en soledad, con miedo, con preocupación por el por venir, con insomnio, con alteraciones en la alimentación, fallas en el control de impulsos, empezarán a sentirse intolerantes o agresivos, se podrán presentar cuadros depresivos por las separaciones o, desafortunadamente, enfrentarán duelos traumáticos.

Es un periodo complicado, pero tenemos que empezar a reconocer que es una transición, si bien no se va resolver de forma inmediata, tampoco será eterno.


Para quienes tiene la posibilidad de hacer home office, es crucial mantener horarios, sus rutinas, lo más normal que puedan, el darse tiempo para la comida sin la computadora al lado, el cuidar el descanso y hacer algo de ejercicio.

Date tiempo para la lectura, crear un pasa tiempo y convivir con tu familia. Si vives solo tenemos que aprender a ser pacientes y a seguir manteniendo la comunicación con nuestras redes de apoyo a través de llamadas telefónicas, video llamadas, mail o chat. Es reorganizar nuestros horarios para lograr tener un equilibrio de actividades.


Si los afectos llegan a desbordarte, si llegas a sentir que no puedes con lo que sientes, intenta comunicarte con tus redes de apoyo, compartir un poco de lo que sientes para que puedas intentar liberar algo de la ansiedad o preocupación. Si no cuentas con dichas redes o no te sientes en la confianza de a los tuyos compartirles tu sentir, no lo postergues y busca ayuda de un profesional que pueda brindarte la ayuda e iniciar un tratamiento de forma remota, por video llamada y, después que pase la crisis, continuar de forma presencial.


Otra de las emociones que podrán desbordarse es la ANGUSTIA, tanto a la posibilidad de contagio, como a las formas de interacción seguras, así como podrá entrelazarse con las ideas sobre el porvenir en cuestión del trabajo, la salud propia y de los tuyos, la estabilidad económica, en enfrentarnos a un sentimiento de indefensión o confrontarnos con la soledad.

Puede entrelazarse con el MIEDO y este nos puede hacer actuar de forma poco reflexiva ya que puede llegar a inundar otras áreas de nuestras vida y complicar las cosas aún más.

Posiblemente sea complicado experimentarlo, más aún cuando nos confronta, de cierta manera, con la incertidumbre, eso de lo desconocido que está en el porvenir; con el pánico, cuando el miedo nos desborda, al enfrentar una amenaza que no podemos controlar.

El sub texto que encontramos en el miedo, es la respuesta impulsiva ante un peligro inminente que, no siempre de la mejor manera, activa las respuestas más primitivas de alerta y huída. El actuar de forma impulsiva no expone a tomar decisiones irracionales.


Si bien, de cierta forma, el enfrentar una pandemia como lo ha sido el coronavirus, tiene esta arista traumática a nivel emocional, estas alteraciones emocionales son la respuesta inmediata y esperada ante la crisis. Ahora bien, lo importante es no caer en la desesperación, si las experimentas, date unos minutos para reconocer qué es lo que sientes, para poder nombrar y describir lo que pasa por tu mente.


Una opción en este periodo de aislamiento es que logres escribir lo que vas sintiendo, para tener claridad de tus afectos. Es importante reconocer que tenemos que enfrentar una cosa a la vez y no por angustiarte las cosas se van a resolver, además que el miedo nos va a paralizar.


Si escribes lo que te angustia o te da miedo de este periodo, puedes entonces empezar a pensar en soluciones para cuando sea seguro salir. Seamos realistas, lo que sí está en tus manos es tu seguridad y tus emociones, no podemos preocuparnos por resolver las cosas para los otros, humanamente no lo vamos a alcanzar y sólo te vas a desgastar. El reto es con eso que te preocupa, poderlo ver de forma realista y alcanzar a ser creativos para buscar alternativas para resolverlo cuando esta transición termine.

Es un momento que podemos aprovechar para trabajar en ti mismo, pregúntate: ¿Cómo puedes cuidar de ti mismo de mejor manera? ¿Cómo comprometerte contigo mismo a alimentarte mejor y a hacer algo de ejercicio al interior de tu espacio? ¿Qué es lo que te ayuda a serenarte? ¿Es buen momento para aprender a meditar o para practicar yoga? ¿Qué necesitas trabajar para desarrollar tus áreas de oportunidad en el trabajo? ¿Cómo lograr tener mejor relación o ser mejor estratega? ¿Cómo desarrollar una fuente de ingreso nueva o alterna a la que tienes? Anota todas las ideas para poder irles dando forma y poder ponerlas en marcha a su tiempo. Si anotas las ideas, no es para que te empantanes en el sufrimiento, es para tener claridad de los pendientes y buscar formas creativas de irlas resolviendo.


El pensar y reiterar en ideas catastróficas, nos llevan a tratar de adelantarnos a los escenarios más apocalípticos o a obsesionarnos con ideas persecutorias sobre todos los riesgos; seamos realistas, así no vamos a resolver nada, al contrario, paradójicamente sólo lograrías que se agudice la angustia y el miedo. Si buscas tener <<todo bajo control>>, tampoco te va a funcionar y corres el riesgo de crear un círculo vicioso del que te será más complicado salir.


Debemos empezar por reconocer lo que te está alterando, identificar qué es lo que lo detona y lograr aceptarlo para construir alternativas que te permitan enfrentarlo preservando tu integridad física y emocional de forma simultánea. Se trata de ser pacientes y creativos para resolver nuevos retos.


Otras emociones jugadas son la SOLEDAD Y LA TRISTEZA que, en este aislamiento, nos confrontan a una evaluación de nuestros vínculos. Para algunos, el confinamiento ha sido lejos de la familia y el vivir solos o con roomies hace que tenga un factor adicional.

Lo importante es que no te abandones en estas emociones, si no que las puedas reconocer para a su momento hacer cambios y lograr socializar desde otro lugar. Por ahora, en este periodo de aislamiento, es importante el seguir en contacto con los amigos, pareja o familia, si no vives con ellos, la comunicación vía telefónica, mail, video llamada o chat, van a ser recursos valiosos para lograr sentirlos de alguna manera cerca.


Será crucial, compartir los instantes cotidianos, relajarnos al saber de ellos y que sepan de nosotros. Unos minutos al día para saber cómo están y que sepan cómo la pasas, no sólo es para enterarlos de tus atribulaciones, sino para en verdad compartir. Hablar con los amigos o familia, nos puede aligerar la tensión de la soledad o tristeza, pero no volvamos mono temática la conversación y terminar por solo hablar de lo trágico.


Te comparto la idea de una paciente que vive sola y su familia esta lejos de ella, se ha sentido por momentos sacudida y cuestionada por su soledad, por cómo ha formado sus vínculos que hoy en día son pocos amigos los que tiene y por la dificultad para mantener una relación de pareja que hoy, en el momento más complicado frente a un pandemia, se encuentra sola. Se le ocurrió entonces que para hacerle frente a la soledad, hacer un calendario de actividades, para ese tiempo libre invertirlo en cosas creativas y no en entristecerse, lo pensó como una forma de equilibrar su trabajo, el cuidado personal, el aseo de su departamento, el cocinarse, hacer ejercicio, investigar temas que le son interesantes y que por falta de tiempo no ha podido leer y poder intentar hacer contacto con otros importantes para ella. Por ejemplo, para tener algo más neutral que compartir y no preocupar a su mamá que es mayor, le propuso ver una película en Netflix en la semana y platicar sus impresiones en fin de semana. A una amiga, con la que comparte un hobby en particular sobre manualidades, ver tutoriales y compartir nuevas técnicas e intentar nuevas alternativas, para una vez a la semana por video llamada mostrar sus avances. Alternativas puede haber muchas, el punto es ser lo suficientemente creativo para llenar esos vacíos con algo que te sume, que te nutra a nivel emocional.


Si la tristeza, te está paralizando al punto que te es difícil salir de la cama, bañarte, arreglarte, si pierde sentido hacer todo esto y, la apatía crece. Es el momento de buscar ayuda profesional para que la transición la inviertas en trabajar en ti y en tu mundo afectivo, para que logres descubrir por qué te empantanas en la depresión y sobre todo, para que logres construir alternativas que te permitan, más allá de la pandemia del coronavirus, evitar que esto por cualquier otra situación se repita.


Para otros, el acento emocional estará puesto en la SEPARACIÓN de sus seres queridos, de sus fuentes de trabajo, de su vida cotidiana en general. El punto es cómo emocionalmente se enfrentan estas condiciones, más aún cuando puede presentarse no sólo por el confinamiento que nos obliga a aislarnos para preservarnos sino también en los casos donde nos vemos separados de un ser querido para evitar contagiarlos o que nos contagien.

En este escenario en particular la separación lleva implícitas una serie de angustias, preocupaciones y un monto adicional de dolor emocional. Frente al COVID-19, no sólo es afligirnos por la seguridad, por la condición de salud, sino que nos obliga a pasarlo en soledad, lejos de la familia si nos enfermamos o a soportar no poder estar con nuestro familiar si enfermó.

Si estamos pasando una cuarentena, al haber enfermado, extrememos los cuidados y precauciones para lograr recuperar la salud y evitar la propagación. Si el caso es hacerle frente al padecer de un familiar, aislémonos para estar seguros de nos habernos contagiado también y para estar física y emocionalmente fuertes. En el proceso, puede ser muy angustiante sentir que las emociones se agolpan, pero necesitamos serenarnos, por complejo que suene, para ser objetivos y cuidar nuestra integridad física y emocional.

Desafortunadamente, también vamos a estar expuestos a pérdidas y necesitamos prepararnos para superarlas. Es necesario subrayar que los duelos en este escenario serán traumáticos puesto que el rito, el funeral, nos sirve para procesar de forma consciente una despedida y ahora no lo vamos a poder tener así. Necesitamos de procesarlo con ayuda profesional.


Sea el escenario que atravieses, reconozcamos que no vamos a poder evitar el impacto emocional que hacerle frente a una pandemia implica. El darle un lugar a tus emociones, el reconocerlas, te permitirá sincerarte primero contigo mismo, para en un segundo tiempo empezar a construir alternativas para hacer algo más con ello.

Recuerda, el pedir ayuda no es sinónimo que no puedas, al contrario, quien pide ayuda es porque en verdad está dispuesto a resolver las cosas, a trabajar en sí mismo para reinventarse fortalecido, desde un lugar que no resulte tan costoso a nivel emocional.