• Dra. G. González

¿Para qué asistir a terapia?

En muchas ocasiones, desde charlas informales entre amigos o familiares hasta dentro de los encuentros profesionales o laborales ante esta alternativa la respuesta inmediata y hasta impulsiva, prácticamente es contestada con otra pregunta: <<¿Yo? No ¿Para qué?>>…


Y no sólo es el desconocimiento de para qué sirve sino que también está jugados un sin fin de estigmas y prejuicios alrededor de una psicoterapia y ni decir del psicoanálisis; muchos de ellos son juicios de valor sobre la capacidad personal para enfrentar y resolver la contingencias propias de la vida y es leída como haciendo referencia a una menor capacidad mental, cognitiva o emocional para lograr salir del atascadero que sea por su propio pie.


Otras referencias hacen hincapié en la intimidad expuesta ante “un extraño”, negando por completo la preparación que lo avala y capacita como un profesional de la salud mental y la neutralidad que con el ser “un extraño”, es decir, con su no estar involucrado directamente en la dramática de dicha historia se puede convertir en una ventaja para lograr una escucha imparcial.

Por supuesto, el tema y temor de la “dependencia” también está en juego como si el asistir a terapia fuera un “sin salida para el resto de la vida”, desconociendo así la importancia del proceso terapéutico que tiene un inicio y un fin. 

Otro aspecto, que eriza a muchos, es cuando hablamos de la frecuencias de las sesiones… como si ir más de una vez por semana fuera equivalencia de gravedad. Esto no sólo es mal entendido si hace un símil con el modelo médico, en el cual a mayor gravedad mayor cantidad de medicamentos sino que también quizás influye la televisión o el cine, en donde se presentan escenas en las que los personajes acuden a terapia y al final se cierra con un “nos vemos la próxima semana” dando por hecho que eso es lo “normal”.

Uno más, posiblemente, el que a muchos puede angustiar es la idea de que si se asiste a terapia es porque se está “mal” y no sólo en el sentido de estar equivocado sino más bien de estar enfermo y por lo tanto “loco” con lo cual salimos corriendo sin querer enterarnos de más.

Sin embargo, todos estos estigmas y prejuicios están basados en el desconocimiento de lo en verdad es un terapia, un psicoanálisis y van a contra pelo de lo que son sus objetivos.

Así como es importante tener salud física y si no tenemos mayores complicaciones hoy, realizar un check up anual no es sinónimo de que estamos “mal”, el asistir con el odontólogo para una limpieza o quitar una carie tampoco es “malo”; de igual manera es importante la salud mental… que bien podríamos decir salud emocional ya que todos los seres humanos sentimos y de una u otra forma tenemos vínculos con otros y lo más importante es que también tenemos un vínculo con nosotros mismos.

Todo lo que económicamente dispongamos para la educación y la salud no es un egreso sin sentido, es una inversión porque tu eres la materia prima para lograr todo lo demás que busques en la vida.

El iniciar un psicoanálisis bien podríamos leerlo como una inversión ya que aquello que nos duele, nos hace difícil la vida o relacionarnos con otros, de no ser atendido a tiempo es más probable que se vuelva cada vez más grande inundando silenciosa y lentamente otras áreas de nuestra vida.

Para el inconsciente que no entiende de lógicas ni de razón, todo aquello que en algún momento nos impactó a nivel emocional y no supimos cómo procesarlo deja una marca. Con el paso del tiempo, eso pasado sigue insistiendo en buscar una respuesta que al no haber sido simbolizada en las palabras, sin darnos cuenta, de forma inconsciente, la buscamos en las acciones donde al repetirnos actualizamos ese pasado volviéndolo hacer presente una y otra vez, con el agravante que cada repetición, detalles más o menos, es versión corregida y aumentada de la anterior.

¿Para qué nos sirve un psicoanálisis? Para aprender cómo en verdad funcionamos desde nuestros fueros más íntimos, para conocer al servicio de qué en verdad han estado nuestras elecciones que, dicho de forma más coloquial, sería el poder conocer a profundidad tu propia historia de vida, sin malos entendidos, sin enredos, pero sobre todo sin dolor para que logres “recalibrar” la mira y puedas concretar vínculos más sanos, amar de forma más libre, sanear tus relaciones, salir más rápido de tus problemas, valorarte mejor por citar algunos ejemplos, pero sobre todo el objetivo es que te permitas ser un poco más feliz.

Si bien, un psicoanálisis no es un tratamiento breve no es porque sólo sea para “pacientes graves”, sino porque sus objetivos son mayores. No se trata de que sea “hojalatería y pintura”, una intervención cosmética nada más donde el “en 3 sesiones quedes como nuevo”, eso sería hasta una falta no sólo de profesionalismo de parte del psicoanalista sino hasta una falta de respeto al banalizar la riqueza y complejidad de tu mundo afectivo. No es buscar el desahogo y un par de consejos, un psicoanálisis es un tratamiento a profundidad, con absoluto respeto y para nada directivo. Es largo el tratamiento porque aspira a sea un cambia estructural para que al final del análisis hayas aprendido y aprehendido un conocimiento nuevo de ti mismo, construido herramientas nuevas pero sobre todo para que logres ver las cosas en su justa dimensión y por consiguiente el costo afectivo de tus propias elecciones no sea devastador para ti.

Por esto mismo es importante la frecuencia de las sesiones que, reitero a mayor número de sesiones por semana no es sinónimo de enfermedad o gravedad. El proceso psicoanalítico requiere de constancia porque, si bien es un espacio contenido ya que no hay juicios de valor alguno y se pretende que te sientas en la plena confianza para hablar de ti, también es el espacio donde te puedes repetir a ti mismo y comprender esa tu misma repetición. Es donde se despliegan los afectos inconscientes más añejos y pueden ser denunciados para que los veas y podamos hacer algo más con eso que hay.

Además, una mayor frecuencia en las sesiones, dos veces por semana, nos permite profundizar y darle mayor dinamismo al proceso. Recuerda, el que sea largo no implica que nos eternicemos pero sobre todo no quiere decir que vayamos sin rumbo.

Es cierto que en psicoanálisis vemos el caso por caso, por ello necesitamos de una primera consulta para conocernos y poder saber cuál es la demanda de tratamiento que pones sobre la mesa. Para algunos, acorde a su individualidad, lo mejor será una vez por semana pese a que no profundicemos tanto; sin embargo, para otros lo más pertinente será vernos dos veces por semana. Dependerá de muchos factores como sus conflictos afectivos, el motivo de consulta, la situación económica, ritmo de vida, etc.

Hoy en día, podemos ayudarnos para dar seguimiento al tratamiento y que  no se vea interrumpido con el tener las sesiones por video llamada (Skype, FaceTime o video llamada de WhatsApp), pero es una alternativa que se verá en el caso por caso.

No pierdas de vista que en promedio una sesión es de 45-50 minutos nada más, una o dos veces por semana, pero es un espacio que te dedicas a ti mismo, donde se busca ese crecimiento personal. Implica, en la metáfora, emprender un viaje en tu propia búsqueda para que logres reencontrarte contigo mismo, quitándoles la “peligrosidad” a los afectos hoy pueden ser disruptivos y puedas comprender el papel que has desempeñado en eso mismo de lo que te dueles hoy. Recuerda, el que sea largo no implica que un “por siempre”, tiene un inicio y un final pero sobre todo objetivos. Así lograrás continuar el viaje de tu vida pero “más ligero” y sin lástres, para que en verdad logres reinventarte y ser el escriba de tu propia historia, pero sobre todo, que logres ser más feliz.

Un psicoanálisis lo inicia quien en verdad puede, quien tiene la capacidad para enfrentarse a sí mismo y vencerse para reinventarse, quien en verdad quiere resolver…