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  • Dra. Mayra Gallardo

Dolor emocional.


AYER​​

Ayer pasó el pasado lentamente con su vacilación definitiva sabiéndote infeliz y a la deriva con tus dudas selladas en la frente

ayer pasó el pasado por el puente y se llevó tu libertad cautiva cambiando su silencio en carne viva por tus leves alarmas de inocente

ayer pasó el pasado con su historia y su deshilachada incertidumbre/ con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre sembrando de fracasos tu memoria y dejándote a solas con la noche.

​​

BENEDETTI



Muchas veces cuando se oye hablar de Psicoanálisis, más por desconocimiento de lo que en verdad es, por temor a enfrentar el dolor, y debido a lo anterior, por las resistencias inconscientes que salen al paso, un sujeto se impide pensar en aquello que le duele para permitirse sanar esa heridas, pero con herramientas y recursos más creativos de los que hasta ahora se ha permitido hacer uso y que, paradójicamente, lo dejan en el mismo lugar, es decir, padeciendo una y otra vez el recorrer el mismo tramo que le depara sufrir.


Este tipo de ideas que frenan la posibilidad de realizar un trabajo serio con las emociones, en particular las dolorosas, se ve reforzado por toda esa serie contrapuesta de ideas que, en el tiempo que nos toca vivir, sólo promueven la proliferación de "productos milagro" que "resuelven" las cosas y la vida al "instante"; así, más impedimentos para emprender un proceso psicoanalítico, el cual no es lineal ascendente, esto debido al largo rodeo que es necesario dar para lograr acercar ese conocimiento de sí mismo al analizante que desconoce que le pertenece y, más aún, que si hay algo que no sabe... es que en el fondo siempre ha sabido lo que le provoca hoy en día su dolor.


Psicoanálisis CDMX
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Y justamente, al hablar de dolor es pertinente detener un poco el paso para pensar específicamente a qué tipo de dolor le hace frente un proceso psicoanalítico y por qué es pertinente lanzarse a ese viaje de auto descubrimiento por vía de la palabra al que el Psicoanálisis invita.

De entrada, es complejo reconocer lo que experimentamos y, en cuestión de la parte física la mejor medicina es la preventiva, es decir el revisarnos a tiempo. Por otro lado, en cuestión de las emociones es más difícil re-conocerse, con partes en uno mismo que no del todo nos gustan y que nos hacen sentir mal.


El dolor físico, por ejemplo, tiene manifestaciones tangibles (tensión abdominal, por ejemplo), sabemos claramente de dónde proviene (indigestión, contusión, etc.) y otro puede atestiguarse vía la observación del síntoma que el paciente atraviesa.

Así la medicina, es la clínica de la mirada, donde el síntoma que el médico ve, observa, buscará erradicarlo y el paciente, en una posición pasiva, recibe la prescripción del galeno, la cual es directiva, es decir que se le dice qué hacer quitar ese dolor.


Sin embargo, si hablamos de dolor psíquico (emocional), este no es tangible y observable para los otros, el sujeto que lo padece lo lleva en su interno y, muchas veces desconoce que lo experimenta, cerrándose en cada paso las oportunidades de crecer, amar, trabajar o tener una vida plena.

Es desde el Psicoanálisis, donde parte de su lucha personal, será el ponerle las palabras necesarias que permitan simbolizarlo para poder elaborarlo y crear, como se mencionó antes, una alternativa más sana para enfrentarlo.


Pero ¿El sujeto que experimenta, lo sepa o no, un dolor psíquico se le considera "enfermo"?

Definitivamente, no. El dolor psíquico es parte de la vida de todos y cada uno de nosotros, del mundo que nos bombardea desde que nacemos con una infinidad de estímulos que provocan un efecto, tanto en la mente como en el cuerpo.


Psicoanálisis CDMX
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A luz de este planteamiento ¿Cómo podemos entonces entender el dolor psíquico (emocional)? Es necesario reiterar que todos lo experimentamos y que es parte de la vida misma. Lo importante es poderlo reconocer a tiempo para poder hacer algo para frenar la repetición que nos atrapa y que, sin darnos cuenta, nos lleva a repetir, detalles más o menos, la misma situación traumática.


Así, nos referimos a eventos que, por su cualidad excesiva y repetitiva o por la tolerancia que un sujeto pueda tener a ellos, le llevan a desarrollar síntomas, que son las formas equívocas de enfrentar esas situaciones cuando no podemos digerirlas a tiempo y que le deparan por consiguiente, dolor psíquico.


Posiblemente, las que con más frecuencia, pero no las únicas que en la clínica encontramos son las que se encuentran en la esfera depresiva y en la esfera angustiosa; sin embargo, la forma en que cada analizante experimente y haga frente a su contexto, dependerá enteramente de su subjetividad, lo que para el Psicoanálisis es considerar el caso por caso.


Por mencionar con el objetivo de ilustrar más de cerca lo que es el dolor psíquico, citaremos algunos ejemplos:


  • La frustración (de no lograr hacer lo que se quiere, de no alcanzar una meta, de tener que hacer algo que nos desagrada, etc.).

  • El fracaso.

  • Las rupturas en las relaciones y los duelos.

  • Al exceso de algún tipo de vivencia.

  • La angustia no específica sobre que algo malo puede suceder.

  • Las pocas ganas de hacer las actividades cotidianas.

  • La falta de placer en la vida diaria.

  • Las alteraciones del sueño (insomnio, por ejemplo).

  • La pérdida de sentido de la vida.

  • El alejarse de los vínculos cercanos (padres, pareja, hijos)La baja autoestima.

  • El permitir las conductas abusivas de otro(s).

  • El ser demasiado exigente, perfeccionista.

  • Las pérdidas que van desde la muerte de un ser querido, hasta las de las ilusiones o ideales de vida; estas pueden ser concretas o subjetivas.

  • Los padecimientos psicosomáticos.

  • El estrés.

  • El vacío en la vida.

  • Las rupturas en vínculos importantes (sean por abandono, separación, divorcio, desinterés)

  • El pensar que "todo" lo podemos y al mínimo tropiezo se experimenta como abrumador.

  • La incapacidad para pedir ayuda.

  • El dolor de buscar ser y sabotearse todos los intentos por complacer a otros.

  • El miedo a renunciar a las demandas infantiles.

  • El prolongar la adolescencia hasta la vida adulta.

  • El sentirnos frágiles para enfrentar la vida.

Así, cuando enfrentamos cualquiera de estos eventos, el primer paso es reconocer que necesitamos ayuda. Para el Psicoanálisis, el espacio terapéutico no está restringido sólo para el que está "mal", sino que el proceso se abre a todo aquel que quiere saber y hacer algo más que sufrir con lo que le pasa.

Necesitamos de una sensibilidad para alejarnos de lo que nos pasa y, cuando no lo logramos, todas la sensaciones que tiene que ver con el interno de cada uno, es lo que creará síntomas que, de no ser atendidos, nos depara un sólo camino: tropezar con la misma piedra, detalles más o menos, en la búsqueda de respuestas, búsqueda que es llevada a las acciones y en donde lo hecho, hecho está.


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