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  • Dra. Mayra Gallardo

EVITA POSTERGAR




¿Cuántas veces no hemos tenido un proyecto en manos y una fecha en el horizonte que sólo vemos acercarse sin que hagamos mucho? ¿Cuántas veces ponemos primero el placer que

podemos tener de inmediato a la parte de responsabilidad que vemos como abrumadora? Así podemos optar primero por la siesta que sentimos tener pendiente sobre el deber que previamente habíamos adquirido.

Si esto te ha pasado o te pasa de vez en vez, ya conoces entonces qué es procrastinar. Esta elección que, aparentemente sin pensar, surge cuando priorizamos lo que supone un el placer inmediato sobre la obligación que nos depara un cierto monto de frustración, ya sea porque no lo sentimos divertido, lo leemos como interminable o simplemente porque buscamos cualquier excusa para sustituirla.

Mucho de lo que se juega en estas postergación en un primer nivel, es la percepción que tenemos de la labor a realizar, la cual está sobre dimensionada y nos hace leer como algo interminable y poco atractiva.

Por consiguiente, un primer elemento que nos salta al paso es leer que el proyecto que tienes que emprender es tan “grande” que le empecemos a contar las horas y el esfuerzo que habrá que imprimirle.

Por el contrario, la primera alternativa se trata de subdividirlo en pequeñas partes que te permitan concluir, verlas materializadas y te den la sensación de que vas avanzando.

Por ejemplo, si se trata de proponerte bajar de peso, no lo leas como el total de kilos, masa corporal o índice de grasa al que “debes de llegar” en esa expectativa auto impuesta. Si en verdad quieres hacer algo con tu peso, comprométete con tu salud, no en una “dieta” sino en aprender a comer sanamente y hacer algo de ejercicio. Si vemos la posibilidad de bajar un kilo a la semana, abiertos y con la flexibilidad de leer los resultados, valoraremos el logro de una meta más pequeña pero materializable, si logramos el kilo ¡Excelente!

Si logramos 500 grs. es la mitad del camino, si es menos, por algo se empieza pero vamos avanzando.

La idea es que al dividirlo en metas pequeñas, te permite un avance constante, el ir viendo logros graduales y evitar que represente un esfuerzo mayúsculo.

Aclara tus ideas, revisa el proyecto, crea un plan que de la luz de por dónde comenzar y los pasitos que te irán acercando a la meta.

Se trata de que vayas teniendo la objetividad para saber cómo conseguir metas pequeñas, sin jalonearte en el camino, así que, tengamos cuidado de caer en la tentación de ponernos, nuevamente fechas límite imposibles de lograr, porque nos veremos atrapados de nuevo en la urgencia que se puede llegar a postergar.

De igual manera, podemos construir un imaginario que nos haga ese proceso un poco más sencillo de transitar. Busca la forma en que te es más conveniente leerlo; por ejemplo, si se trata de aprender un idioma, no es viable y funcional creer que vamos a llegar de A1 a C2 en un corto plazo; la idea es construir metas y plazos de tiempo realistas, el aprender a presentarnos en un nuevo idioma de forma fluida y natural, es un objetivo concreto y que es posible concretar en un corto plazo, por ejemplo en una semana. Es un gran paso y es fundamental porque también estamos incorporando una estructura gramatical básica que después nos servirá para mucho más.

Si no nos ponemos fechas realistas a esas metas u objetivos más pequeños, lo único que lograremos es perseguirnos y sostener la idea de que “todo urgen y vamos tarde”.

Se trata de hacer plazos realistas, donde veas avances claros y que sea posible materializarlos. Este imaginario que construimos requiere darle una métrica que te permita conectarte con tu proyecto de forma armoniosa.

Es encontrar un punto medio que te permita dedicarte a la labor, avanzar de forma objetiva, incluir algo placentero y, a la vez, procurar tu descanso sería lo ideal. Esto implicaría la optimización de tu tiempo.

¿Te ha llegado la fecha límite y tu única “salida” es hacerlo “todo” una noche antes así no duermas? Recuerda, dedicarle más horas no siempre reditúa en obtener mejores resultados, más aún, cuando por ejemplo, si cansado, perdiendo la concentración y hasta con la vista borrosa de sueño, intentamos hacer un reporte que implica análisis financiero para el trabajo.

La mente siempre va a trabajar mejor si has cuidado la higiene de tu sueño, tus hábitos para empezar el día de forma relajada, si tienes organizado tu tiempo de estudio/trabajo, si respetas tu tiempo para comer y te permites hacer pequeños cortes entre tus actividades, tomarte unos 5 minutos para quizás hacer un poco de estiramientos, más ahora con el home office o home schooling, para ir por un poco de agua o de café, para despejarte un poco y regresar a la labor.

Esto no significa que vas a interrumpir lo que estás haciendo, sino que

es importante estar relajados para disfrutar tu actividad, aumentar tu productividad, alcanzar a ver y crear mejores soluciones para concluir la labor.

Recuerda, entre más tenso y estresado, es mayor el riesgo que tiene a sabotearte el intento. Todo los comienzos son difíciles pero con pasos cortos y firmes podemos seguir avanzando.

La tensión emocional, el estrés, la angustia, va a ser elementos que terminen por distorsionar la lectura que hagas de tu jornada de trabaja. Entre más persistentes sean, más correrás el riesgo de leer las horas como insuficientes y a la labor como compleja e imposible de resolver.

Relajándote es como lograrás una mente más enfocada. Toma una cosa a la vez, sin jalonearte por el futuro, céntrate en el momento que tienes, date unos minutos para relajarte, incluso si te sirve, toma una siesta breve para que retomes tu actividad con mayor claridad.

Se trata de que no olvides tu capacidad, que no la pongas tú mismo en duda. Sincérate con el proyecto personal que quieres tomar para que logres reconocer tu verdadera motivación y que sean parte de tus metas; si el proyecto es el trabajo, dale perspectiva a lo que un buen desempeño te puede acercar con el tiempo y como seguir creciendo laboral y profesionalmente.

Reconoce las excusas que te auto impones, hazte responsable de ti mismo y elimina detractores. Así mismo, identifica el porqué te resistes al cambio para que logres ver las ganancias que tendrías de concretarlas para que también tenga un lugar lo que obtendría de seguir la labor sin sabotajes.

Organiza tu espacio y tu mente. Crea un plan a corto plazo, donde dividas la labor en pequeños pasos sin perseguirte y que logre darte rumbo. Incluye también tu descanso, es importante para mantener claridad en las ideas.

Lo más importante, reconoce que la vida se trata de procesos: esos lapsos te tiempo que tiene su inicio y tendrán su desenlace, reconoce que en la vida nada es inmediato, que toma su tiempo pero tampoco será eterno si te comprometes contigo mismo.

De igual modo, estos procesos encierran una parte de responsabilidad, de reconocer que la vida no se construye por casualidades sino en base a causalidades donde están jugadas nuestras elecciones, por cotidianas y simples que sean y, de las cuales, somos 100% responsables.

El ir sumando experiencias, aprender de ellas, tolerar la frustración y reconocer y aceptar que en la vida todo lleva su tiempo, también contribuirá a irte emocionalmente fortaleciendo para llegar a ser mejor estratega, planificar tus actividades y tu proyecto de vida para que tenga un rumbo y, sobre todo, para que decidas lo que decidas, no se quede en las ideas sino que sea completamente materializable.

Los sueños de hoy, si nos los tomamos en serio y nos comprometemos con nosotros mismos de forma responsable, se convertirán en las metas del mañana que serán realizables a su tiempo.