• Dra. G. González

Lo básico para lograr ser resiliente.

Una persona con capacidad de resiliencia logra tomar las medidas necesarias para fortalecer su autoestima. No se trata de negar la contingencia actual, sino de reconocer la crisis y las acciones pertinentes para verse a sí misma y al futuro. Es poder reconocer sus fortalezas y habilidades, de la misma forma sus debilidades para cuidarse mejor. Así puede seguir diseñando su proyecto de vida, sin que quede sólo en la ideación, sino que sea materializable. 


Es importante subrayar el papel que juega la creatividad para lograr hacerle frente a una crisis. Es la alternativa para ayudarnos a lograr que nuestros esfuerzos, físicos, emocionales y cognitivos, sean encaminados a la resolución de un reto… y desde ahí empezamos a cambiar las cosas, al verlo no como una tragedia sino como un reto de vida donde debemos ser ingeniosos y creativos para darle la vuelta a aquello que, de quedarnos inmóviles, no va a “golpear” y por consiguiente sólo leeremos la experiencia desde el puro dolor.


Así mismo, para lograr ser resilientes, debemos lograr mirarnos con ojos propios de forma benévola y reconocer los límites del contexto, es decir, reconocer las situaciones que no están humanamente en nuestras manos cambiar a corto  o mediano plazo. Con esto, el ser realistas, nos permite centrarnos o dicho coloquialmente “aterrizarnos” y evitar quedar presos de un imaginario donde de fantasía en fantasía, sólo terminemos por evadir o negar el contexto actual. Reconocer los límites, es lo que nos permite experimentar con una nueva situación.


Otro elemento importante es el intentar ir más allá de la vivencia presente, si bien podemos hablar de una crisis de vida, lo crucial es no empantanarnos en ella. Posiblemente, la situación la veamos al inicio como algo que nos puede sobre pasar, como un momento de crisis (la pérdida de un ser querido, la ruptura de un vínculo, la pérdida del trabajo o del patrimonio) en el que la vida parece cambiar de forma radical; sin embargo, por abrumador que parezca es crucial alcanzar a ver que no todo gira alrededor de este evento. El ser resiliente ante un suceso, es lograr ver más allá, alcanzar a reconocer que hay cosas positivas pese al cambio de vida, es lograr no hundirnos en un solo elemento, no por evadirlo sino por reconocer que no es lo único que sucede en el presente. En otras palabras, es lograr ver que podemos considerar la existencia de más elementos nutricios, que siguen siendo posibles. Lo más importante es lograr reconocer la crisis de vida como una oportunidad de cambio, como el espacio para seguir aprendiendo de la experiencia y aceptar las posibilidades de crecimiento personal.


Si tal es el trabajo emocional que necesitamos emprender para lograr ser resilientes, para sobre ponernos a una crisis de vida, también podemos hacer uso de las redes de apoyo: familia, amigos, pareja dependiendo a quién tengamos más cerca y pueda verdaderamente ser un respaldo. Eso sí, tenemos que elegir bien y no caer en desesperación y “pegarnos” a cualquier otro; recuerda “la gente hambrienta hace malas compras”… una cosa es que podamos estar atravesando una crisis, que nos haya de cierta forma fragilizado, pero lo importante es lograr ver que tampoco es el “fin del mundo” y necesitamos aprender a cuidarnos mejor. Si bien la propuesta es hacer uso de las redes de apoyo, de ninguna manera es, por ejemplo, si estamos doliéndonos por la ruptura de una relación, empezar otra de forma impulsiva. El alcanzar una nueva posición, donde podamos ser resilientes es también aprender a priorizarnos. 


Lograr mantenernos activos, no impulsivos, es lo que nos permite seguir adquiriendo nuevas habilidades; es lograr tener iniciativa para incursionar en nuevos proyectos y ambientes que nos permitan gradualmente ir repoblando nuestro entorno. Es mantener presente que lo último que vamos a necesitar son más periodos de estrés y tensiones, de preocuparnos por lo que no está en nuestras manos cambiar; es reconocer que no es necesario intentar calmarnos con buscar un “control” de las situaciones o personas, sino que es importante aprender a “viajar más ligeros”. Lo complicado es hacerle frente a la incertidumbre sin querer predecir, angustiarnos o volvernos más rígidos en el afán de tranquilizarnos. Aunque sea parezca difícil, no es imposible y hasta resulta que lo inesperado puede darle un toque enriquecedor a la vida si nos permitimos reconocer que podemos seguir sorprendiéndonos, maravillándonos con muchos otros elementos que están y no valoramos, es ahí donde se pueden abrir espacios nuevos para seguir interactuando y, sobre todo, moviéndonos.

Recuerda,  una cosa a la vez... el poder organizarnos mental y emocionalmente nos va a permitir tener ideas claras. Todo lleva un proceso, con un inicio y un final, no aspires a que las cosas sean instantáneas o que mágicamente se resuelva. Una capacidad resiliente implica también el poder priorizar, empezando por ti mismo, tus ideas, tus emociones; es empezar por cuidar tu valía personal, tu autoestima… una crisis de vida no te define y es algo que, teniendo claridad en tus ideas podrás resolver. Así mismo, es importante plantearnos objetivos realistas a corto plazo para que sean materializables y el irlos viendo concretarse también contribuya a fortalecerte, a ganar autoconfianza y, lo principal, a fortalecer tu autoestima.


Otro aspecto, no menos importante, es que una capacidad de resiliencia te facultará para poder expresar lo que sientes. Buscar el espacio para hablar de lo que de fragiliza, inquieta o te da miedo; buscar a otros a quienes les tengas confianza; el pedir ayuda cuando lo necesites… Recuerda, el pedir ayuda no va en detrimento de tus habilidades o capacidades, el pedir ayuda muchas veces puede ser la elección mejor pensada para que un momento de transición sea más fácil y el costo emocional no resulte devastador. La capacidad para reconocer la importancia de recibir apoyo emocional es un factor crucial, es permitir querer y dejarse querer, lo que a su vez será de ayuda para la formación de nuevos vínculos y poder repoblar tu universo.


Una persona con capacidad resiliente logra hallar en la crisis la oportunidad de crecer, logra ser reflexivo para construir una opinión propia de lo que significa para sí mismo la crisis de vida que enfrenta, evaluando su participación y su contexto; logra ser independiente para elegir bien su batallas y evitar engancharse con otros que, en un momento de fragilidad, poco o nada le aportan; conserva una capacidad de seguir interactuando con otros y hacer uso o construir redes de apoyo; si bien, se permite pedir ayuda, no se aliena ni se devalúa por ello, al contrario, conserva su autonomía y la posibilidad de tomar la iniciativa para moverse de lugar; explota su creatividad para buscar o construir alternativas que le ayuden a resolver lo que en el momento se erige como un obstáculo o un problema y, finalmente, pese a lo complicado del momento, conserva su sentido del humor, el cual le ayuda a aligerarse el camino y continuar con un rumbo o propósito, de ninguna manera para evadir o banalizar su sentir en sus fueros más íntimos.


Nuestro fuero más íntimo, donde habitan los recuerdos, imágenes y nuestras emociones que no forzosamente están ligadas a algunos de los anteriores, ese espacio de nuestro inconsciente es por completo a temporal (lo sucedido en el allá y entonces puede seguir tan vigente como si hubiera sido ayer) y no se rige por la lógica ni la razón (por eso querer “controlar” nuestras emociones por fuerza de voluntad no es posible), necesita que sea atendido con los recursos que en verdad nos pueden ayudar a que la herida (emocional / psíquica) que ha dejado el evento que ha sido traumático pueda cicatrizar. Justamente, por la forma en que funciona nuestro inconsciente es difícil salir de los patrones de repetición, destructivos o nocivos para nosotros mismos, porque por paradójico que suene, de aquello que no logramos procesar en el momento, sin darnos cuenta – inconscientemente – buscamos repetirlo en las acciones en búsqueda de una respuesta o de “corregir” el desenlace, pero una vez hecho, sólo nos repetimos a nosotros mismos y no podemos corregirlo. La alternativa es intentar comprender lo sucedido para poder sanar de raíz y lograr “viajar más ligero”. Ante esto ¿Se requiere de terapia? Desde el psicoanálisis siempre va a ser el caso por caso, siempre va a depender de cada sujeto y cómo desde su individualidad quiere enfrentar el momento traumático; iniciar un tratamiento no es sinónimo de que no puedas sólo, por el contrario, porque puedes y en verdad quieres resolverlo es que se da comienzo a un análisis. Eso sí, es un proceso que implica sólo un momento de transición, en lo que estás listo para continuar sólo, en dónde se busca comprender cómo a ti, en tu individualidad de afecta la crisis que atraviesas, se logra reconocer la participación y responsabilidad que tienes jugada en dicho evento, así como se logran construir nuevas herramientas para que sigas tu camino de forma independiente. A otros les funcionaran los grupos de apoyo u otro tipo de orientaciones terapéuticas, pero lo importante es que logres reconocer que si necesitas ayuda, te permitas pedirla.