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  • Foto del escritorDra. Mayra Gallardo

Navidad Negra

Los afectos depresivos transitorios.


No podemos evitar que los pájaros de la tristeza sobre vuelen tu cabeza,

pero sí podemos evitar que aniden en ella.

Proverbio.



Muchas son las crisis de vida que pueden atravesar éstas fechas volviéndolas dolorosas como para no querer celebrar nada. A los procesos depresivos, de tristeza y que nos confrontan con el dolor emocional en relación a los vacíos y crisis de vida en esta época decembrina, se le conoce también como Navidad Negra.


Estas crisis pueden aparecer súbitamente y para algunos cuyos conflictos inconscientes no han sido resueltos, pueden reactualizarse por algún motivo acorde a su subjetividad; resultando ser la combinación perfecta para detonar procesos depresivos (transitorios), tristeza, pesimismo, sentimientos de culpa o impotencia, irritabilidad, intolerancia, mal humor, falta de apetito o atracones de comida, picos ansiosos e insomnio, pérdida de interés en actividades que previamente podía disfrutar, aislamiento, cansancio y o somnolencia. Todo este escenario, presente en una o varias manifestaciones en un mismo sujeto, es agudizado por la fiestas decembrinas.


Así la Navidad (incluso el Año Nuevo), se convierten en un momento en donde sólo hay vacío y soledad, resultando fechas poco deseadas e, incluso, hasta temidas.


¿Qué es entonces la Navidad Negra? ¿Cuál es su deferencia con otros trastornos emocionales como la depresión? ¿Ante qué circunstancias es "normal" estar tristes?


En gran parte, la depresión en esta temporada surge por la incapacidad del sujeto para hacerle frente a ciertos elementos que está asociando con estas fechas, los cuáles aunados al bombardeo de imágenes que subrayan la familia, el amor, los regalos, cenas, convivencia, etcétera; todos aquellos elementos que enfatizan las virtudes humanas, puede resultar abrumador, al tenerlos idealizados.


Para otros quizás, ante la dificultad de expresar los afectos enlazados a su historia de vida en estas fechas, pueden buscar demostrarlos haciendo gastos innecesarios que en muchas ocasiones acarrean más problemas, sobre todo ante vicisitudes económicos que se generan o a las ya preexistentes, o bien porque las personas se crean altas expectativas sobre aquello que se les va a "regalar" -o van a tener de la familia y cercanos, no forzosamente algo material- que al no cumplirse se sienten tristes y decepcionadas.


Otra fuente de dolor, son los recuerdos de infancia que para algunos suelen ser tremendamente dolorosos (lazos pegoteados, lealtades que no dejan crecer, abandonos, rupturas o separaciones en la familia). Pueden involucrar distintos escenarios como por ejemplo: la enfermedad de algún ser querido, el rompimiento de las relaciones básicas de quienes dependemos pueden generar angustias de separación, las mudanzas, el cambio en el poder adquisitivo de los padres​, los conflictos familiares preexistentes que van a contra pelo de la expectativa idealizada de la convivencia familiar en estas fechas.


​Al confrontarnos otra vez con dichos momentos dolorosos, los recuerdos se reactualizan, se vuelve a hacer presentes y con ello revivimos las emociones que sufrimos en aquellos momentos, provocando en algunos casos, que sobrevengan los afectos depresivos o, incluso las depresiones.​


Por eso, en las fechas que dan cierre al año como son la Navidad y el Año Nuevo, al recordar a seres queridos, su ausencia se siente aún más y, por consiguiente nos hace enfrentarnos al vacío que deja esa no-presencia. Para otros, quizás puede remontarlos a otras épocas en donde no había grandes problemas y, ahora que se sienten abrumados le imprimen al cierre del año una nota nostálgica. Además, es importante considerar que para muchos la temporada navideña invita a la evaluación de logros y metas, donde el riesgo puede ser que terminen por subrayar sólo lo que no se pudo lograr.


Diferenciemos la tristeza de la depresión.


Psicoanálisis CDMX
Psicoanálisis CDMX

Como en todo momento de la vida, también esta época tiene sus cosas buenas y otras no tanto. Fiestas, posadas, compromisos sociales, tradiciones, familia, comilonas y recuerdos... para algunos son motivos suficientes como para adorar la Navidad o, los mismos elementos, para otros hacerlos contar los días para que se acabe.


De nuevo, es importante subrayar que de todos los momentos en la vida qué atravesamos es importante sacarle el mayor provecho y/o aprendizaje que se pueda. Recuerda que aunque no puedas elegir del todo las circunstancias que en esta ocasión te esta tocando vivir, siempre podrás elegir cómo vas a vivirlas, que tanta importancia vas a darle a los elementos que por ahora te son disruptivos como para permitir que la pases mal.

​Ahora bien, hay otros momentos que nos pueden tomar por sorpresa y que implican una pérdida (de un ser amado, de trabajo, de un amor, de un vínculo, de un lugar de residencia, de un cambio de vida, económico, etc.). En ese caso se tiene que emprender el proceso de duelo que permite adaptarnos a la pérdida, aunque es importante subrayar que el proceso de duelo como tal no solo se inicia ante el fallecimiento de otro, puede ser ante cualquier crisis de vida. Y el poder elaborar la emociones que impregnan dichas crisis, no es algo inmediato, es un proceso que implica un trabajo con tus emociones.

Esto nos permite hacer una diferencia entre depresión y tristeza. En un proceso normal, donde el estar tristes está en contexto con un suceso reciente, se asemeja a la depresión cuando experimentamos alteración del sueño (ya sea insomnio o querer dormir de más), falta de apetito, intensa tristeza... pero se subraya que pese a sentirnos tristes no estamos abatidos, es decir que no implica una pérdida de la autoestima, elemento típico de la depresión clínica.


​Por otro lado, lo característico y que requiere un tratamiento, es decir de un trabajo con tus emociones, en la depresión ​es:


- Sentimientos de tristeza, enfado, culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, momentos de shock, anhelo, alivio o insensibilidad, entre otras.


- Sensaciones físicas como vacío en el estómago, opresión en el pecho o en la garganta, hipersensibilidad al ruido, sensación de despersonalización, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía o sequedad de boca.


- Cogniciones o patrones de pensamiento que son normales en las primeras fases del duelo, pero que si persisten pueden desencadenar sentimientos que desemboquen en una depresión o problemas de ansiedad.


- Estados de confusión, distracción, incredulidad, preocupación, sentido de presencia, experiencias ilusorias pasajeras.


- Conductas que desemboquen en trastornos del sueño, trastornos alimentarios, hiperactividad desasosegada, aislamiento social, llorar en exceso, evitar recordatorios del fallecido, lo cuál en estas fechas suele ser complicado y la ausencia se hace especialmente notable.


Recuerda, la depresión no es sinónimo de tristeza aunque ambos puedan asociarse a procesos de pérdida​. El proceso normal que nos puede confrontar con la perdida y hace necesario un proceso de duelo en el que nos sentimos tristes, es el que todos podemos pasar ante alguna crisis de vida (fallecimiento, separación, divorcio, despido, mudanza, trabajo, despido, enfermedad, etc). Cuando se complica (con la incapacidad para experimentar placer ante lo cotidiano de la vida, falta de energía), hablamos entonces de depresión. Por ello es importante aprender a trabajar con estos afectos a tiempo, antes de que el escenario se complique en un duelo patológico, crónico, en un duelo no resuelto. Lo principal es que busques ayuda a tiempo... y el pedir ayuda no es para quienes "no pueden" sino para quien está interesado en verdaderamente resolver sus conflictos afectivos.


Qué hacer para no deprimirse en Navidad


Si bien es necesario reconocer que los cambios en las emociones no son inmediatos, que todos los seres humanos requerimos tiempo para procesar lo que nos sucede en nuestros fueros más internos, lo importante es evitar que te empantanes en un momento complicado.


Es buscar alternativas que preserven tu integridad física y emocional a la vez y que te ayuden a ganar tiempo para que después logres trabajar en ti y en tus emociones, con el objetivo que te permitas tomar las riendas y, en un futuro, tu mismo decidir cómo transitar no sólo por una época sino en tu vida.


Por ahora, quizás sea necesario que hagas algo de forma activa para mitigar lo que te resulta complicado o doloroso:


Cambia tus expectativas = No esperes a la Navidad o al Fin de Año para ser feliz, simplemente recibe estas fechas sin generar expectativas o esperar grandes acontecimientos, vívelas como una fiesta más. No son la solución a los problemas de nadie, ni son la solución a nivel emocional tampoco para nadie en donde por magia se llenaran los vacíos emocionales que hay en el interior de las personales. Si sientes un vacío, toma las riendas, dale un cambio a tu vida que como parte de un proceso podrás gradualmente ir implementando los cambios. Recuerda, nada es por arte de magia, para cambiar, necesitamos trabajar en ello y de forma gradual iremos viendo los resultados.


Permítete sentirte contento = si nuestra afectividad anda por los suelos, es momento de revisar nuestro interior para lograr deshacernos del pasado que nos atormenta. Es importante conocer lo que nos limita e impide cambiar el rumbo de nuestra vida. NO permitas que los sentimientos derrotistas y negativos te inunden, sustituyelos con lo positivo. Si te es muy complicado hacerlo, habrá que considerar iniciar un tratamiento para ayudarte.

Como estamos hablando de cómo enfrentar los vacíos afectivos, evita el agotarte física y mentalmente con compras, comida, regalos, con forzarte a la conviencia con otros o con buscar aislarte, por si hay muchas o no hay visitas... es un momento para relajarte y disfrutarte primero a ti. Puedes ayudarte con una lista de lo que tienes que hacer para que sepas que paso dar pero si puedes delega responsabilidades.

Evita los excesos = Las personas que se deprimen, usualmente se aíslan y terminan por esconder su verdadera emotividad; es una forma de reaccionar al servicio de la defensa o, al ponerse en el polo opuesto pueden reaccionar de forma excesiva, con las palabras, comida o bebida, ciclo que después les cobrara una peor factura a ellos mismos y si se meten en líos, a los demás que estén a su alrededor.

Si no consigues el objetivo y la depresión o los afectos depresivos continúan después de la temporada decembrina, no debes dejar pasar más tiempo y buscar iniciar un tratamiento.

Recuerda, la depresión no es lo mismo, no es sinónimo de tristeza aunque pude asociarse a procesos de pérdida​. El proceso normal que nos puede confrontar con la perdida y hacer necesario un proceso de duelo en el que nos sentimos tristes, es el que todos podemos pasar ante alguna crisis de vida (fallecimiento, separación, divorcio, despido, mudanza, trabajo, despido, enfermedad, etc). Cuando se complica (con la incapacidad para experimentar placer ante lo cotidiano de la vida, falta de energía), hablamos entonces de depresión. Por ello es importante aprender a trabajar con estos afectos a tiempo, antes de que el escenario se complique en un duelo patológico, crónico, en un duelo no resuelto.


El objetivo es que logres:

-​Proteger tu integridad física y emocional de forma simultánea.


-Aceptar el contexto que no te es placentero, la realidad de la pérdida, para que puedas reconocer y más adelante, puedas aprender a descolocarte.


-​Identificar, ​experimentar, ​aceptar y ​lograr expresar ​tus sentimientos y emociones.


-​Superar los diferentes obstáculos y que puedas reajustarte a los cambios.


-​Amigarte con el recuerdo (de la persona fallecida, de la persona amada a la que se perdió, de la época anterior a la crisis de vida que experimenta hoy, de lo que no fue y cómo te gustaría cambiar tu vida) y ​sentirte cómodo al seguir viviendo​ para reformular un nuevo proyecto de vida construyendo elementos nuevos o reconstruyendo en base a lo adquirido.

​​

-​Recuerda, el dolor afectivo, emocional ante una crisis de vida es posible trabajar en él para que te deje de doler, ​por eso no es recomendable que intentes ocultarlo, evitarlo o huir de ello. Así ni desaparece, a donde vayas lo llevas en ti.


Es importante construir una nueva forma de celebrar la Navidad:

​-Si perdiste a alguien querido: acuerda un pequeño acto simbólico para recordar al ausente, volvernos a despedir y continuar celebrando la vida.

-Nada de ​ «No puedo» o «No me apetece». Es el inicio de mecanismos automáticos para llevarnos a la inercia, la tristeza, la apatía. Recuerda, son el bucle de entrada a un circuito en el que después cuesta más trabajo salir.

-Necesitamos hacer ruido, música... el que la pases bien a tu estilo sin aislarte o encerrarte en ti mismo. Evita la inactividad... busca tu lugar seguro que te permita abrazar la vida, donde se preserve tu integridad física y emocional de forma simultánea.

-Si la Navidad no es para ti la fecha mágica que "todo lo va a resolver" al estar idealizada, en donde quizás para ti existan esas razones que te han llevado a esta crisis de vida, date un respiro... toma un tregua contigo mismo, busca opciones con los amigos, la familia, vecinos... así evitaremos entrar en ese bucle y empezar a transformar la situación en la que vivimos hoy.

-​Recuerda que para desarticular estos pensamientos es importante tomar consciencia de cuándo se activan​, preguntarnos qué funciones cumplen y por paradójico que suene, qué ganancia estamos hallando; es importante decifrarlo para lograr construir nuevos recursos que te permitan reinventarte fortalecido, desde otro lugar que no salga tan costoso a nivel emocional.




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